viernes, 17 de octubre de 2014

Reflexiones sobre Barbastro

Queridos lectores

Rafa Íñiguez ha querido compartir sus reflexiones sobre el congreso de Barbastro con nosotros, reflexiones que veo muy atinadas. Les dejo con Rafa.

Salu2,
AMT

Reflexiones sobre Barbastro


Dice la leyenda que durante la caída de Constantinopla, mientras los turcos entraban en la ciudad, el emperador Constantino estaba discutiendo con varios teólogos sobre el sexo de los ángeles. También Samaniego nos relata en una de sus fábulas, que ante los continuos ataques de un feroz e implacable gato que los cazaba hábilmente, se reunieron los ratones para debatir cómo solucionar la continua amenaza que los diezmaba. Pero tras mucho hablar, protestar, inventar y debatir, la fácil solución que decidieron, nadie era capaz de realizarla: “Ponerle un cascabel al gato”.
No quiero ser cruel, ni pretendo ninguna ofensa, pero la autocrítica me lleva a que estos pensamientos vengan a mi mente. Si hago una evaluación de lo andado por la humanidad sólo desde 2011 hasta hoy, de momento ninguna acción directa del hombre ha logrado resolver el problema de agotamiento en la dirección correcta, es decir decrecer voluntariamente. Me dice Antonio Turiel que es el capitalismo el que nos ha llevado a la situación actual, y que es clara una ‘anomalía’.  Está claro que sí, pero, ¿Que la ha producido?
Durante el turno de preguntas a Margarita Mediavilla, ya con la mayoría de las ponencias técnicas realizadas, se produjo un cambio de contenido en las intervenciones y las respuestas de Margarita tomaron un aspecto más humano que técnico o científico, y para colofón final Antonio Valero finalmente asestó certeramente que en la raíz del problema hay una gran componente ‘ética’ o más bien de falta de ella.
Evidentemente cada día tomamos decisiones que agravan la situación en que nos encontramos y con una información suficiente no actuamos acorde a lo esperado. En definitiva no utilizamos bien las cosas, bien sea porque hemos perdido el foco de atención o porque hemos perdido la motivación al no encontrar recompensas ni salidas. Esto ocurre a mi parecer porque hemos perdido unas referencias que constituían los valores humanos tradicionales. Esta palabra: “tradicional”,  que nos lleva a pensar en el pasado, no es lo que esperamos para una formula salvadora. Más bien suena a obsoleto y retrogrado, es más, la rechazamos. Pues bien aquí puede residir gran parte del problema, porque hacia donde nos dirigimos, las cosas funcionarán como antes funcionaban. No eran perfectas, pero son las que nos han traído aquí, hasta que esto se nos fue de las manos. El descenso en la energía disponible nos impondrá las reglas del juego del pasado, cuando no podíamos “hacer trampas” a la naturaleza y su leyes, que aunque vigentes, están aparcadas por el tsunami energético que nos otorgan las “maravillas tecnológicas”, que más bien la historia las catalogará de monstruosidades termodinámicas,  de agresiones medioambientales y del mayor despilfarro energético que se pudiera imaginar; porque hemos hecho todo lo que la imaginación del hombre tenía en “cartera”: desde volar a pisar la luna, o a ir a los abismos oceánicos y muchas otras proezas más…
Durante la exposición de David de las conclusiones, esbocé un sencillo diagrama: 



En él se pueden observar los dos principales agentes de la crisis: el ser humano y su conciencia para actuar sobre una sencilla tabla de decisión: Elegir entre el Bien y el Mal, un concepto que es universal, y que lo poseen todas las culturas y todas las civilizaciones desde que el mundo es mundo y que…, hasta un animal entiende.
Seguro que si ponemos en práctica no hacer a nada ni a nadie lo que no queremos para nosotros mismos, y lo divulgamos con el ejemplo, nuestro entorno y el mundo no hará más que mejorar.
Y esto lo puede hacer cada uno de nosotros sin ningún tipo de ‘gadget’ tecnológico, no necesita una  pila de litio…, aunque si requiere de un pequeño aprendizaje y de otro tipo de “fuerza” que no se produce con las maquinas movidas por los combustibles fósiles: La Fuerza de la voluntad.
Rafael Iñiguez.
Octubre de 2014.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Llega el 15/15\15

Revista para una nueva civilización:
http://www.15-15-15.org
Pueden encontrarla también en Facebook: https://www.facebook.com/Revista151515
Queridos lectores, 

Hoy a las 15:15 ha arrancado una nueva revista electrónica que se denomina 15/15\15. Se trata de un proyecto puesto en marcha por Manuel Casal Lodeiro, un destacado miembro de la asociación gallega Véspera de Nada , que muchos conocerán por haber publicado la "Guía para o descenso enerxético", el primer libro que ha tratado en España, desde un punto de vista práctico y comunitario, la cuestión de cómo responder al Peak Oil y que ya está en proceso de traducción a diversas lenguas (portugués, catalán y castellano).




15/15\15 es un proyecto planeado desde hace tiempo, que surge de conversaciones y reflexiones compartidas con otros de los divulgadores y activistas de la cuestión del colapso y en el que también nos hemos implicado varias de las personas del Oil Crash Observatory, de AEREN y de Véspera de Nada. Como punto de arranque, Manuel ha coordinado la edición un número 0 ambientado en un posible 2030 bastante especial. Se trataba no de presentar el futuro más probable, ni tampoco el más deseable, sino un futuro preñado de esperanza realista. Los autores que han contribuido a este número cero han intentado imaginarse como será el futuro 15 años después de la creación de la revista, siempre que les fuera posible intentando ser lo más optimista posible pues éste es el objetivo de este número. Como verán, sus visiones son bastante diversas, tanto como incierto es nuestro futuro.

Al mismo tiempo que la revista, se ha lanzado una iniciativa de financiación colectiva (crowdfunding) que arranca hoy mismo en Verkami. Con algo más de 5.700 euros se podrá financiar tanto la publicación impresa de este futurible nº0 como la publicación permanente de una versión online de la revista, con contenidos actualizados cada mes, y una recopilación semestra impresa y remitida postalmente a los suscriptores. 

Un aspecto peculiar de esta revista, en coherencia con sus objetivos, es que se apoyará para sus sostenibilidad en una moneda complementaria propia con la que los colaboradores podrán pagar suscripciones y gastarla en entidades que colaboren con la revista y después la reciclen contratando anuncios en la misma.

La razón de la puesta en marcha, según su promotor, es básicamente que "existe mucho material tanto de reflexión teórica como de experiencias prácticas de vida pospetróleo, tanto aquí como en otros países, que necesita ser reunida, contada, traducida para que funcione como un elemento eficiente pro-Transición: en términos de dinámica de sistemas, un feedback optimizado y regulador que ayude al sistema a autotrasformarse o a que nazca otro sistema dentro de este, replicando conocimiento útil para dicha trasformación en el menor tiempo y con la mayor extensión posible."

Desde The Oil Crash, les deseamos el mayor éxito en esta iniciativa.
 
Salu2, 
AMT

lunes, 13 de octubre de 2014

Barbastro llamando a la Tierra


Queridos lectores,

Los pasados 9 y 10 de Octubre tuvo lugar en Barbastro (una pequeña localidad situada cerca de los Pirineos, en el nordeste de España) el Segundo Congreso Internacional sobre el Pico del Petróleo. Acudieron como ponentes algunas destacadas personalidades internacionales en el mundo del pico del petróleo, comenzando por el Presidente de la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y Gas (ASPO), Kjell Aleklett, y media docena de especialistas del más alto nivel. También hubo algunos ponentes de perfil menos técnico pero que se dedican a hacer divulgación sobre este tema, como un servidor. A petición de muchos lectores he elaborado este relato breve, completamente subjetivo, sobre el contenido de las ponencias que hemos podido escuchar estos dos días. Cuando los vídeos estén disponibles los enlazaré en el nombre del ponente.


La primera de las ponencias, la conferencia inaugural, corrió a cargo de un servidor. Gran honor e imposible estar a la altura de quien lo hizo hace tres años, Mariano Marzo. Yo me limité a hacer un repaso de los eventos que yo consideraba más significativos en el mundo de la energía durante los años que han transcurrido desde la primera edición, y en discutir brevemente las tendencias del futuro más inmediato, bastante ominosas a mi entender, acabando con un llamamiento a actuar y recordando el manifiesto "Última Llamada". A pesar de su tono, al final resultó que la mía no iba a ser la más pesimista de las presentaciones...


Después habló Mikael Höök. Hizo una didáctica y rigurosa presentación sobre los diversos recursos, sus características y sus limitaciones. Destacó varios puntos interesantes, como por ejemplo la dificultad de designar el peak oil teniendo en cuenta las múltiples definiciones de hidrocarburos líquidos, o cómo el futuro del carbón vendrá determinado por lo que suceda en China, cuya producción parece estar llegando ya a su cenit. Especialmente ilustrativa fue su gráfica de cómo se apila la producción de los yacimientos empezando por los más grandes y siguiendo por los más pequeños y de producción más difícil.


A continuación intervino por video-conferencia Dave Hughes. Su presentación versó sobre los hidrocarburos no convencionales, principalmente los extraídos con la técnica del fracking, y discurrió por los derroteros previsibles para cualquiera que haya leído su libro "Perfora, chico, perfora"; dio, eso sí, datos actualizados sobre los ritmos de declive y escenarios de producción en los EE.UU., destacando el alarmante ritmo de declinación de la producción de shale gas en Haynesville. También resultó bastante impactante un mapa de una pequeña zona muy explotada que mostraba todas las perforaciones horizontales hasta hacer un tapiz extraordinariamente tupido.

Ya por la tarde intervino Kjell Aleklett. Esta ponencia me la perdí porque tuve que atender dos entrevistas realizadas por la UNED (el equipo de Barbastro y uno especialmente enviado desde Madrid). Según me contaron, Kjell hizo una presentación clásica y muy didáctica de los aspectos claves del peak oil y el fracking; a destacar cómo la creciente contribución de petróleo ligero de roca compacta (Light Tight Oil) explotado en los EE.UU., al ser inútil para producir diésel, está agravando el pico del diésel.

A continuación hubo una tabla redonda sobre fracking con dos geólogos españoles, Marcos Aurell y José Luis Simón, y un ingeniero, José Luis Rubio. Yo me la perdí también, prácticamente entera, por estar atendiendo a los chavales del documental. Sí que llegué a escuchar que, a pesar de que algunos de los allí sentados no se calificaban a sí mismos como "anti-fracking", todos tenían claro que en España este tipo de recurso no tenía grandes perspectivas y que difícilmente saldría rentable su explotación.

La última presentación del jueves corrió a cargo de Pedro Prieto. Con un verbo irrefrenable y cervantino cual suele, pesadilla de los pobres traductores, Pedro nos hizo reír de lo lindo con un tema tan serio y tan grave como nuestra imposibilidad de encontrar fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles. Le dedicó especial atención (e intención) a una discusión de los muchos problemas y limitaciones de la energía nuclear, pero no se quedó corto a la hora de desmontar cualquier mito renovable, incluida, ay, la solar de concentración. Impagable e imprescindible.

El viernes comenzó con una minuciosa y preciosa presentación de Alicia Valero sobre el uso cada vez más intenso de todos los elementos de la tabla periódica, el cenit productivo de las minas de donde estamos extrayendo estos materiales y nuestra invencible tendencia a dispersarlos o usarlos de tal modo que los hacemos imposibles o muy difíciles de reciclar. El tema es de una seriedad y gravedad difícil de despreciar, y Alicia presentó brillantemente su exhaustivo análisis. Además del problema con los metales de uso industrial, mención particular merece el problema del pico del fósforo y su impacto en la agricultura, de lo cual hemos hablado en este blog en varias ocasiones. Coronó su presentación con un vídeo preparado especialmente por su centro, el CIRCE, para concienciar sobre el problema; no pude evitar recordar cómo hace tres años desde el CIRCE (no Alicia, por cierto) se envió en Barbastro un mensaje mucho más positivo sobre las posibilidades de futuro. Quizá fue Alicia la primera ponente en pronunciar la palabra que, por repetida, marcaría la segunda jornada: "colapso".

A continuación Gorka Bueno presentó su análisis sobre el futuro del transporte en el País Vasco, detallado y minucioso, valorando cinco escenarios diferentes y siempre en vista de intentar conseguir cumplir los objetivos de reducción de emisiones de CO2 y de pasada de adaptarse a los problemas de agotamiento de combustibles fósiles, que no eran el foco de su trabajo pero del cual Gorka era obviamente bien consciente. La mala noticia es que ningún escenario conseguía llegar a los objetivos fijados para 2050, y la conclusión de Gorka, que ya habían esbozado Pedro y Alicia y aún se repetiría varias veces, es que hace falta más que tecnología para resolver este problema, y fundamentalmente de lo que estamos hablando es de un cambio social. Triste, y pesimista, la reflexión de Gorka de que hasta que no nos demos de bruces no reaccionaremos.


Y entonces llegó Gonzalo Escribano. Este profesor de economía de la UNED, también director del programa de energía y cambio climático del políticamente influyente Real Instituto Elcano, cogió su dietario y estuvo hablando bastante más de la hora que tenía asignada, hilando temas al vuelo sin un orden particular y sin mostrar gráficas o datos con los que fundamentar sus muy osadas afirmaciones delante de un grupo de especialistas que, a mi entender, conocían mucho mejor que él de lo que estaba hablando. Su intervención fue un breve paréntesis de BAU e irrealidad, más propio de una profesión de fe religiosa que de una presentación científica. Dejando de lado afirmaciones que él veía completamente naturales aunque en realidad destilaban cierta ideología, fue chocante oírle afirmando muchas cosas absolutamente infundadas. Por ejemplo, que Arabia Saudita tiene una capacidad ociosa de más de 3 millones de barriles diarios gracias a Ghawar (cuando cualquiera que se moleste en mirar los datos verá que con la entrada en línea de Manifa y la resucitación de Khurais y Shaybah a Arabia Saudita no le queda nada más para añadir, mientras en Ghawar sale más agua que petróleo y posiblemente está ya agotado en un 90%). Otro ejemplo: según Escribano en EE.UU. ya casi no consumen carbón gracias a la revolución del shale, a pesar de que las estadísticas del anuario estadístico de BP no parecen darle la razón (lo malo de hacer afirmaciones exageradas y no cuantificadas: obviamente el consumo ha bajado, pero no hasta desaparecer).


También me llamó la atención su apuesta porque España se convierta en un nodo exportador a Europa del gas argelino; sin duda no debe saber que aparte de haber superado su particular peak oil, Argelia está empezando ya la fase de declive tras su pico de producción de gas:



Al menos Escribano reconoció que la fiebre del fracking no durará mucho en los EE.UU., y que no cabe esperar gran cosa de este tipo de recursos en España. Para nada se le ocurrió que el negocio fuera una ruina, especialmente con precios del gas tan bajos (lo que el consideraba la resultante de la perfecta y maravillosa competencia en un mercado que cree libre). Al acabar su presentación le agradecí su exposición, pues nos había mostrado claramente cómo piensan los gestores políticos, y le pregunté por el peak oil, dado que el congreso iba de eso. Respondió que él no sabe de eso porque es economista y no geólogo (!!), siguió con el ridículo meme de "hace 30 años que queda petróleo para 30 años" (la vieja falacia P/Q) y remató con el aún más viejo y estúpido chascarrillo de que la Edad de Piedra no acabó por falta de piedras; básicamente, tomándonos por tan imbéciles como para no haber oído y refutado mil veces argumentos tan banales y conocidos. Me quedó claro que a este señor la próxima oleada recesiva y de fuerte volatilidad en el precio del petróleo le pillará por sorpresa, aunque dadas sus habilidades oratorias seguro que encontrará una excusa del día para salir al paso. Tras escurrir el bulto en varias preguntas más se largó sin esperar a la siguiente ponencia, de la cual hubiera podido aprender algo sobre aquello en lo que se cree experto. Se fue sin ser consciente del ridículo que había hecho.


Y es que la última ponencia de la mañana corrió a cargo de Gail Tverberg. Precisa, incisiva, demoledora, Gail detalló sus ya famosos 12 principios de la conexión entre energía y economía, no aptos para economistas bautomáticos. La gráfica más aterradora de esa presentación seguramente ya la conocen: la previsión de Gail sobre el rápido descenso de la disponibilidad de todas las formas de energía en los próximos años.


Lo malo es que el argumento de Gail sobre la forma de esa curva es bastante sólido: sin otra fuente de energía que tome el reemplazo será imposible mantener los niveles productivos máximos teóricos una vez que empiece el declive y éste será bastante abrupto. Algo que podremos comprobar durante los próximos años.


La siguiente ponencia, a primera hora de la tarde, fue impartida por Ugo Bardi. Grandísimo comunicador, Ugo sabe ganarse la audiencia en los primeros minutos con trucos de prestidigitador experimentado, para después embarcarle en un viaje a través de modelos simplificados pero cada vez más complejos. Después de mostrar convincentemente que la dinámica de sistemas permite entender la simple complejidad que subyace a nuestros dos mayores retos de sostenibilidad ahora mismo, es decir, el agotamiento de los recursos y el cambio climático, llegó a sus conclusiones... que fueron ninguna. No hay conclusión, no hay bala de plata, no hay una salida simple. Su charla concluyó de una manera abrupta, un tanto triste, sin apuntar a direcciones concretas, sino abriendo esta discusión para convertirla en una reflexión colectiva.



Tras tan anticlimática finalización, llegó Marga Mediavilla y en cierto modo remató la faena. Marga explicó detalles del modelo que han desarrollado en la Universidad de Valladolid para hacer el diagnóstico del futuro de la energía y sus usos en los próximos años. Para alimentar su modelo han tomado una aproximación muy conservadora, asumiendo que los parámetros toman los mejores valores posibles, no consideran la TRE de las fuentes de energía, etc. Aún así, se ve que hay una desviación considerable entre los escenarios de crecimiento y lo que pueden dar nuestras fuentes de energía, incluso con sustitución ideal por renovables, en un plazo de como mucho 20 años. Pero lo terrible viene cuando se examina el transporte: las desviaciones son ya insalvables, en cualquiera de los escenarios considerados, antes de 2020 (por eso mismo en esta edición los vallisoletanos han dedicado su excelente curso de cada año al tema del transporte). Margarita exponía sus resultados como disculpándose, como queriendo decir: "No es esto lo que querría traeros, pero es lo que hay". De ahí al final de su presentación fue desgranando una serie de características de nuestro sistema económico y cómo hemos caído en esta trampa. Ahí fue cuando yo llamé a la bicha por su nombre y, al darme turno para hacer una pregunta, dije que en realidad nuestro mayor problema para superar la situación actual es que lo que decimos contradice las tesis fundamentales del capitalismo. Y no pregunté nada.

Hubo finalmente una mesa redonda, con tres exposiciones cortas y un debate con los tres ponentes. El primero fue mi compañero y asiduo contribuyente de este blog, Antonio García-Olivares, que con su voz firme y su habitual solidez intelectual desgranó las razones objetivas por las que el capitalismo está en su fase terminal y cuáles pueden ser las alternativas a su finalización. Ponencia breve pero muy técnica, y muy recomendable para los que aún creen en el futuro del capitalismo.
A continuación habló Xoan Ramón Doldán, presidente de la asociación gallega Véspera de Nada y economista ecológico, que con tono de gallego apacible fue asestando puñetazo dialéctico tras puñetazo dialéctico a las bases conceptuales y prácticas de nuestro actual sistema económico, prácticamente no dejando títere sin cabeza; quizá el tono constante de voz y la rapidez expositiva no facilitaban la digestión adecuada de tanta información.
Por último, Juan del Río, como representante de Cardedeu en Transició, hizo una presentación muy ligera, más activista y menos técnica que todas las anteriores, para explicar que hay futuro y esperanza si creemos en ella. Las preguntas del público durante la mesa redonda merecieron mucho la pena, aunque (o quizá precisamente por) se trataran temas tan poco agraciados como el de la violencia durante la transición. 

El resumen de esta edición es que el pesimismo se ha vuelto absoluto. En la primera edición la mayoría de las ponencias respiraban un cierto tecnooptimismo, con varias ponencias que discutían fuentes alternativas para conseguir energía y/o escenarios más o menos adaptativos; en aquella ocasión yo formaba parte del reducido grupo de cenizos que veíamos una y otra dificultad prácticamente insalvable en el horizonte. Yo no he modificado mucho mi postura, quizá soy un poco más pesimista ahora que entonces, pero curiosamente ahora muchos de los que entonces me tomaban por alarmista me han dejado atrás en ese descenso a los infiernos. La palabra más repetida estos días ha sido "colapso", el cual la mayoría de los ponentes dan por seguro. Por repetir la broma que hicimos durante esos días, los que allí estábamos nos podíamos agrupar en tres grupos: pacos, mocos y cocos (según fuéramos parcialmente, moderadamente o completamente colapsistas - él único que se salía de esta clasificación fue Gonzalo Escribano, al que podríamos definir de coqueco: "¿Colapso? ¿Qué colapso?")


No querría acabar esta crónica sin hacer una mención, breve, a la componente humana del congreso, a esas gentes que estaban allí, oyendo como los ponentes iban progresivamente laminando sus esperanzas de futuro. Como en la pasada edición, muchas personas anónimas acudieron a Barbastro, haciendo un gran esfuerzo personal puesto que el congreso tenía lugar en días laborales. Algunos representaban a diversos colectivos concienciados con la problemática del agotamiento del petróleo y las consecuencias que está trayendo esta loca huida hacia adelante; los más activos, los de los colectivos antifracking. Particularmente me resultó destacable la especial madurez en estas lides de los chicos de Fracking Ez, que aunque no intervinieron en los turnos de preguntas hicieron contactos y tomaron buena nota de todo lo que allí se decía. Tres años y medio han pasado desde el último congreso de Barbastro y la sociedad española es más pobre, y muchos de los asistentes vinieron de manera precaria, algunos durmiendo en la furgoneta con la que habían acudido. La solidaridad y la coordinación entre los asistentes posibilitó que muchos de ellos, con más voluntad que medios, pudieran aprovechar estas jornadas, e incluso un pequeño grupo de entusiastas aprovechó para rodar un pequeño documental. Como en la pasada vez, la organización del congreso fue una ayuda continua y eficaz en los mil detalles que iban surgiendo cada día; gracias de nuevo a Carlos, Marta y Pili, y sobre todo a David, quien en su múltiple rol de coordinador, moderador y conductor del congreso puso una cara humana al enlace institucional.

Todo apunta a que el colapso será rápido, y más dada la ceguera de aquellos que asesoran a nuestros gobiernos creyéndose expertos sin serlo. Lo preocupante es que el colapso puede ser inminente, como ciertos expertos apuntaron. Barbastro ha enviado un mensaje, alto y claro, a la Tierra; una suerte de "Última Llamada" somontana. Ojalá esta vez haya alguien escuchando al otro lado.

Salu2,
AMT

miércoles, 8 de octubre de 2014

Crisis del Estado: una perspectiva desde la crisis energética



Queridos lectores,

El tema que hoy abordaré pertenece a un tipo difuso de cuestiones de los que prefiero no hablar. No me gusta hablar de estos temas no por que sean tabú, sino porque no me considero suficientemente capacitado y con el conocimiento adecuado como para abordarlos apropiadamente, con lo que más que en otros casos lo que pudiera decir es fuertemente discutible y hasta erróneo, al menos en parte. En suma, que mi opinión sobre estos temas no es más cualificada que la de cualquier otro ciudadano y, por tanto, no me parece que sea correcto airearla desde este blog, dándole una relevancia que no tiene. Sin embargo, noto que progresivamente las discusiones en internet y otros medios se van enconando a medida que nos acercamos a la siguiente gran oleada recesiva global (de la cual la actual tendencia a la baja de los precios del petróleo es un claro síntoma, puesto que no ha aumentado la producción pero los precios bajan ergo es la demanda la que retrocede porque se está destruyendo fruto de la recesión que avanza - y no de la eficiencia, como a veces se dice para confundir aún más). Y últimamente detecto que hay cierta confusión sobre el posicionamiento político, en claves muy clásicas y partidistas, de algunas figuras de la discusión de la crisis energética en español, y particularmente las mías. Posicionamiento partidista que no es relevante en absoluto, como tantas veces he repetido, y que perjudicaría a la transmisión de un mensaje de carácter transversal y no partidista. 

Sin embargo, y a pesar de todas las prevenciones que acabo de expresar, creo que es interesante aclarar una cuestión clave para entender por qué el binomio capitalismo-comunismo está a mi modo de ver trasnochado, y por qué deberíamos explorar otras dimensiones de la discusión. Esencialmente, discutiré sobre el papel del Estado tal y como yo lo veo con mis limitados conocimientos, y por qué creo que lo que tenga que venir no podrá parecerse en nada a los dos sistemas nominalmente más opuestos aunque se basan, ambos, en un fuerte estatalismo.


El papel del Estado
Existen muchas discusiones historiográficas y antropológicas sobre el origen y función del Estado, de las cuales soy bastante poco conocedor. Sin embargo, hay una serie de características que se atribuyen con bastante consenso al Estado. Una de ellas es que el Estado es el depositario del derecho a la violencia legítima, es decir, es el único agente que tiene derecho a actuar violentamente en la defensa de un bien percibido como común si no existe ningún otro medio para garantizarlo. El Estado, que en sí no es más que una serie de instituciones creadas en algún momento para la gestión de un país, se convierte por virtud de este y otros derechos en un sujeto de derecho, es decir, en un ente con derechos y deberes y que es reconocido por otros sujetos de derecho como él. Por decirlo más simplemente, el Estado español es reconocido como el interlocutor válido para discutir cualquier cosa que tenga que ver con el territorio que administra, es decir, España.

Dado que el Estado tiene el monopolio de la violencia legítima, cualquier violencia ejercida en su territorio por alguien que no es el Estado pasa a ser ilegítima. Para que las cosas queden más claras, el Estado, usando su capacidad legislativa, promulga leyes que explicitan la no legitimidad de esas acciones por medio de disposiciones legales, que establecen condiciones penales para los contraventores. Es decir, el Estado establece con leyes qué castigo corresponde a quien ejerza determinado tipo de violencia que no esté amparada por el propio Estado.

Puesto que el Estado tiene derecho de violentar cualquier aspecto de nuestra convivencia (por ejemplo, disparando contra el atracador de un supermercado si éste pone en peligro la vida de otros, o bien desautorizando ciertas reuniones masivas y enviando antidisturbios a apalear a los manifestantes si no se van, o bien enviando a la cárcel a quien no paga sus impuestos), el Estado tiene un gran poder sobre todos nosotros y por eso es preciso que se definan muy claramente cuáles son los fines del Estado y que haya un gran consenso social de que esos fines son legítimos. Aquí viene uno de los aspectos más delicados del encaje estatal: dado que en los sistemas democráticos se reconoce que la soberanía reside en el pueblo, todo el poder en realidad emana del pueblo y el Estado, que es un sujeto aparte pero con el gran poder de la violencia como hemos comentado, debe su poder a ese pueblo que en realidad se lo ha entregado. Por lo tanto, el Estado debe interpretar correctamente el dictado del pueblo, y de ahí la gran importancia de que las instituciones del Estado sean transparentes y democráticas, como una vía para asegurar que se está cumpliendo la voluntad del pueblo.

Como todos sabemos, los Estados modernos son estructuras de una gran complejidad, y para su gestión se requiere de funcionarios especializados y con experiencia. Permítanme un inciso aquí: la palabra "funcionario", en España como en otros países, tiene muchas connotaciones negativas porque la mayoría de la gente suele asociarla con algún "funcionario de ventanilla" indolente que le ha tocado sufrir en el curso de algún trámite con la Administración; y los think tanks liberales, en su cruzada por adelgazar el Estado de todo lo que no es el monopolio de la violencia (curiosamente, o no tanto, como veremos) suelen aprovechar esta mala percepción para usar la palabra "funcionario" como un insulto. Sin embargo, cualquiera que haya tenido tratos con empresas de gran tamaño y complejidad se habrá encontrado con administrativos que realizan funciones en todo análogas a las de los funcionarios de ventanilla y de similar indolencia; se ve, pues, que lo que favorece tal actitud (que en realidad ni siquiera es mayoritaria pero que es más visible por ser una actividad de cara al público) es el tipo de trabajo administrativo tedioso y con nulos incentivos. Por demás, se suele ignorar que la mayoría de los funcionarios son maestros, profesores universitarios, médicos, enfermeras, policías, militares, bomberos, inspectores de hacienda, científicos, guardias forestales, letrados, fiscales, jueces y un largo etcétera de técnicos de lo más diverso cuyo trabajo no siempre es visible pero es fundamental. Fruto de esta complejidad del Estado que comentamos se requiere mantener estos cuerpos de funcionarios especializados, qué lógicamente no pueden ser sustituidos al ritmo de la alternancia democrática del país. Por eso es exigible que los funcionarios trabajen de manera fiel al servicio del Gobierno de turno en pro del bien del país, al margen de sus propias convicciones partidistas. A cambio, se les da un estatuto laboral especial, que de viejo y más en estos tiempos inciertos se percibe como un privilegio inadecuado.

¿Qué sucede cuando un poder lo suficientemente fuerte, típicamente económico, corrompe algunas estructuras clave del Estado? Que el Estado se desconecta de la fuente de su legitimidad, que es el consenso social, y actúa en beneficio de esos otros intereses, por supuesto de manera sibilina para evitar una revolución popular.  No creo que merezca la pena poner ejemplos porque estoy seguro que se les ocurrirán a Vds. solitos bastantes sin tener que esforzarse mucho. De hecho, el poder económico o de otro tipo no necesita para sus fines corromper demasiado todas las estructuras del Estado porque por construcción los Estados tienden a estar fuertemente jerarquizados y centralizados; si se gana el control de la cúspide (por ejemplo, el Gobierno) o de las estructuras inmediatamente inferiores (los altos funcionarios) todo el resto de la maquinaria del Estado trabajará de manera ciega e implacable en pro de ese poder corruptor, en aplicación de la máxima de que los funcionarios de rango inferior tienen la obligación de acatar y servir fielmente a lo que se les requiere por su condición de servidores públicos, al margen de sus preferencias ideológicas.

Por tanto, la estructura piramidal y no deliberativa del Estado le hace más vulnerable a la injerencia ilegítima de agentes no populares, lo cual da acceso a estos agentes a formas incuestionadas de violencia, no siempre física. Se tiende a pensar que cuando esto pasa es por un defecto concreto del Estado o incluso de la sociedad que lo padece. Por el contrario, desde mi insuficientemente documentado punto de vista pero basándome en la observación empírica de que no hay Estado no corrupto, sólo grados diversos de corrupción, yo creo que la corrupción es una característica inherente de los Estados. Más aún: que el papel del Estado se ha ido reforzando a lo largo de la historia en simbiosis con la injerencia cada vez mayor de los poderes económicos, de modo que al final el defecto de la corrupción estatal no es accidental sino estructural.

Capitalismo y comunismo

Los dos grandes sistemas socieconómicos que han dominado la discusión del siglo veinte son el capitalismo y el comunismo (usar estos nombres es una simplificación semántica, pero para no hacer esta discusión más farragosa ruego a los más quisquillosos que me lo acepten). Al margen de discusiones teóricas, la práctica de la implementación de ambos sistemas ha sido completamente dependiente de la existencia de un Estado, y en los casos en que éste no existía como tal se le acabó creando para beneficio del sistema económico. A mi modo de ver, el carácter estatalista del comunismo y el capitalismo no es una coincidencia, sino una necesidad de ambos sistemas para conseguir sus fines. En el caso del comunismo de corte soviético y similares, la necesidad de un Estado fuerte resulta evidente para todo el mundo: estamos hablando de una economía planificada, que impone restricciones a todo tipo de actividades y que supervisa hasta la extenuación detalles de la vida pública y privada de sus ciudadanos. En el caso del capitalismo, la percepción popular, alentada desde ciertos sectores de la sociedad, es que es un sistema de libertad y que cualquier injerencia del Estado es en realidad perjudicial; parecería, por tanto, que el capitalismo es de algún modo contrario a un Estado fuerte. Nada más lejos de la realidad. La economía capitalista moderna está más planificada que nunca y la percepción de libertad, de capacidad de elección, no es más que una hábilmente construida ficción. Muchas grandes empresas necesitan que el Estado las subvencione o las favorezca indirectamente coaccionando a sus ciudadanos a consumir sus productos o mediante exenciones de impuestos. Tiene toda la lógica del mundo: la inversión que estas empresas hacen en influir sobre los Estados aumenta sus beneficios, en tanto que el Estado se beneficia del control social que aseguran estas empresas, a través de sus trabajadores y su control sobre los medios de comunicación: he ahí la simbiosis Estado-capital en los Estados capitalistas. Los casos en los que el Estado favorece de manera descara a las grandes empresas no son aislados sino repetidos: la gran industria aeronáutica se sostiene gracias a los pedidos de aviones militares (si alguien me puede pasar el enlace que colgué hace semanas en facebook...), los grandes bancos son rescatados cuando hacen inversiones masivamente ruinosas, el sector del automóvil es apoyado con sucesivos planes estatales de subsidio a la compra de un automóvil nuevo, las petroleras reducen impuestos, las grandes eléctricas consiguen regulaciones favorables a sus intereses y en contra del bien común... Y eso por no hablar de los escándalos ambientales, a veces con graves consecuencias para la población, acallados incluso por la fuerza gracias el control de un Estado plegado a intereses de un capital que no conoce fronteras ("Recordad Bhopal"). No hay gran sector de la economía capitalista de hoy en día que no esté apuntalado por el Estado, y esto no es de ahora, por culpa de la crisis, sino que lleva mucho tiempo siendo así. De hecho, si uno se molesta en bucear en los libros de Historia verá que en la configuración de los modernos Estados capitalistas la cosa siempre ha sido así. Solamente es ahora que la desconexión de la voluntad del pueblo soberano es más evidente; por ejemplo en España con la Iniciativa Legislativa Popular que promovía la dación en pago de viviendas hipotecadas (con el respaldo de casi millón y medio de firmas) ha sido básicamente ninguneada en su tramitación parlamentaria. El menosprecio del Estado a la voluntad del pueblo tampoco es cosa nueva sino, también, de siempre; simplemente antes la gente se ganaba mejor la vida y prefería seguir con ella a empeñarla en la empresa de plantarle cara a los abusos del Estado, cosa casi siempre inútil.

Si se mira con atención las diferencias entre comunismo y capitalismo no son tan grandes. El comunismo soviético fue bastante menos eficaz desde el punto de vista productivo y generó muchas ineficiencias, en muchos casos fruto de la desafección de las clases populares con los objetivos del Estado (algo muy natural si tenemos en cuenta que el estado soviético rechazaba de plano la soberanía popular aunque formalmente dijera defenderla). Sin embargo, con la implementación de ciertas medidas clave el comunismo chino ha evolucionado en las últimas décadas hacia cotas de productividad superiores a las de Occidente, demostrando que un país comunista puede ser tan capitalista-estatalista como cualquier democracia occidental, y sin el sobrecoste (económico) de la democracia.



La crisis del Estado, ¿consecuencia de la crisis energética?

Se puede argüir que la crisis del Estado, y particularmente la de los estados capitalistas como éstos en los que vivimos, comenzó hace ya mucho tiempo. El síntoma más claro de esta crisis de legitimidad fue el rechazo a la injerencia en guerras en tierras extranjeras en defensa de espurios y a veces absurdos intereses, cuyo máximo exponente fue los movimientos de rechazo a la guerra de Vietnam en EE.UU. a finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado, o el rechazo a la 2ª Guerra del Golfo a principios de este siglo. 

También es legítimo argumentar que la proliferación de publicaciones independientes favorecida por la difusión de internet aumentan el foco y la inspección de las disfuncionalidades del Estado, y en cierto modo agravan la percepción de las mismas, lo cual tiene también una parte importante de razón.

Sin embargo, lo que está haciendo intolerable la situación de ninguneo de la voluntad popular que ya dura desde décadas son las crecientes dificultades económicas de las familias. Es debido al malestar popular, que ya no puede ni beneficiarse de un cierto bienestar material, el que lleva al cuestionamiento sistemático de diversos roles que ejerce el Estado.  Las menciones al Estado disfuncional saltan continuamente en las conversaciones cotidianas, con especial énfasis en los casos concretos y personalizados de corrupción, pero con un trasfondo de desconfianza generalizada al buen hacer e incluso a los fines de la Administración (un ejemplo de rabiosa actualidad en España es el primer caso de infección por ébola en Europa, producido en Madrid por lo que muchos consideran una gestión negligente e imprudente de la asistencia a dos repatriados). Estos días resulta frecuente que una falsa noticia aparecida en una publicación satírica sea tomada erróneamente por algunos como verdadera, simplemente porque la atrocidad descrita resulta ya creíble en medio de la degradación actual (en la que, por ejemplo, se ve normal y aceptable dejar a niños cuyas familias ya no tienen otro sustento sin el apoyo del comedor escolar durante los meses de verano).

Por tanto, creo fundado decir que el cuestionamiento del Estado y el clamor ascendente por su reforma, por su regeneración, viene en mucho del descontento causado por la crisis económica interminable que vivimos. Crisis que, en última instancia, no podrá acabar nunca por culpa del descenso energético, por culpa de la crisis energética. 

¿Podrá un Estado centralizado y complejo mantenerse en una situación de retornos decrecientes, de descenso de la actividad económica, de disminución de ingresos? Está claro que no si este descenso es severo. Y dado el curso previsible de los acontecimientos (sin necesidad de ir a escenarios más dramáticos) parece evidente que los Estados capitalistas llegarán en algún momento a su fin. Y el momento clave que marca su desaparición es el momento de perder su poder principal: el monopolio de la violencia. Cuando el Estado deje de pagar sus nóminas a la policía dejará de poder imponer su voluntad, y en ese momento dejará de existir en la práctica.



El futuro post-estatalista 

¿Qué futuro le espera a nuestros países tras el fin de sus respectivos Estados? Nadie lo sabe con certeza y este tema, sobre el que expertos han teorizado desde hace décadas, es todavía menos propicio para mis nada autorizadas divagaciones personales. Quizá algunos países conserven Estados más simplificados, quizá en otros se recuperen formas de organización anteriores, muchas de ellas democráticas; otros países, por desgracia, sucumbirán bajo un nuevo yugo feudal, y en cualquier caso la disgregación será la norma. Lo que sí que tengo claro es que el futuro dependerá de las decisiones que tomemos ahora. Nada está perdido si no queremos que lo esté. Quizá el primer paso para saber dónde se encuentra ese futuro que a todos nos interesa construir, tanto al obrero de la fábrica como a su patrón, es salirnos de los viejos esquemas de discusión y empezar a mirar a dimensiones del debate largamente ignoradas, como por ejemplo las que tratan de los límites ecológicos de este planeta que tenemos que compartir.


Salu2,
AMT

viernes, 3 de octubre de 2014

La ficción de la elección



Queridos lectores,

En el curso de una discusión reciente con una persona honestamente convencida por las tesis de ciertas corrientes económicas que simplificando excesivamente llamaríamos "liberalismo económico" una idea que surgió repetidamente fue el concepto de libertad, obviamente en su acepción económica. Y es que una de las ideas centrales del liberalismo económico es que se le ha de dar plena libertad de elección a los agentes económicos para que las relaciones entre ellos vengan mediadas por un mercado, libre por supuesto, como medio más eficiente para la regulación de tales relaciones. Planteada de esta manera, yo no tengo grandes objeciones a esta formulación. Que los agentes gocen de libertad para elegir, no ya en cuestiones económicas sino que en cualquier otro aspecto de su vida - a veces los neoliberales parecen olvidar que hay vida más allá del mercado -, parece completamente deseable, con la única salvedad de que sus acciones deben ser respetuosas con la ley y en particular no deben ser lesivas con los derechos de algún otro. Por otro lado, parece completamente lógico y razonable que en general las relaciones económicas las medie un mercado libre. 

En realidad aquí está parte de la trampa de la frase anterior: el mercado libre es una entelequia. Los neoliberales aceptan que no existe tal mercado libre en la práctica, pero según ellos lo ven eso es debido al exceso regulatorio y las extralimitaciones del Estado, y que lo que hay que hacer es desregular el mercado y minimizar el Estado. En realidad lo que sucede es que, independientemente del Estado, el mercado tiene ineficiencias intrínsecas (como se explicaba en detalle en la serie Ciudadano K del discontinuado Acorazado Aurora), cosa que se conoce y se puede explicar teóricamente desde hace siglos, aunque actualmente los neoliberales escriben ríos de tinta para justificar lo injustificable olvidando deliberadamente todo el trabajo anterior. Por otro lado, como ya explicamos en este blog, cuando los liberales reclaman un mercado libre en realidad por lo que abogan es por un mercado natural, puesto que sin ningún tipo de regulación el mercado tiende a ser la ley de jungla, en los que los más poderosos acaban por la vía de los hechos imponiendo sus reglas, como veremos después en algunos ejemplos. 

El pensamiento liberal se distingue por cuatro características peculiares:
  •  Muchas de sus afirmaciones son de carácter no empírico y no verificable; por ejemplo, cuando se postula las bondades de entes inexistentes y muy probablemente inalcanzables como el libre mercado, la perfecta competencia o la infinita sustitubilidad de los factores de producción.
  •  Se basa en conjunto de ideas abstractas, al margen del mundo físico y en abierta contradicción con él; por ejemplo, la idea de postular y aceptar como beneficiosa la idea del crecimiento infinito en un planeta limitado, o que el mercado se hará cargo de las externalidades, no importa como sean de dañinas, a pesar de la abundante evidencia en contrario.
  •  Siempre encuentra múltiples y complejas explicaciones a posteriori para justificar por qué las cosas no se producen según sus postulados. Ejemplos hay a punta pala: si el empleo sube es según unos gracias a las políticas del Gobierno y según otros debido a la favorable coyuntura internacional; si la balanza comercial es positiva es debido a la mejora del sector exterior, aunque en realidad lo que más cae es el consumo interior, etc. Casi nadie se molesta en examinar los datos que avalen las afirmaciones hechas, y en casi ningún caso nadie se cuestiona que es imposible que todos los países del mundo sean exportadores netos, o que se pueda crecer infinitamente en un planeta finito. Un caso particular del interés de este blog es la evolución del precio del petróleo; casi cada día aparece un sesudo artículo dando la excusa del momento para justificar lo que se denominan "enormes subidas" o "bajadas en picado" del precio, cuando lo cierto es que el precio se ha mantenido en torno a los 100$ desde hace casi tres años. Y aunque ahora ciertamente hay una cierta tendencia a la baja, síntoma de la próxima oleada recesiva, no se puede analizar su evolución día a día sino que se tiene que mirar en el largo plazo, y es que los movimientos significativos se ven en el plazo de meses (excepto cuando se produce un infarto del sistema, como en Julio de 2008 que el precio aumentó de 100$ a 150$ en un mes).
  • Utilizan un lenguaje oscurantista, con términos abstrusos para explicar cosas simples. Además, se abusa de las cantidades relativas (porcentajes) sin ponerlos en contexto y sin dar una idea de cómo ha ido cambiando la cosa con el tiempo. El objetivo es dejar fuera a los no iniciados, hurtar de la vista las discusiones para los profanos, es decir, para los que no comparten esta manera de hacer las cosas y pueden presentar objeciones muy fundadas. Ejemplos hay a porrillo; tomo uno de ellos al azar: "El resultado previsto para PGE en 2009 supone incumplir el objetivo de un superávit del 0,02 por ciento del PIB aprobado para la Administración Central por las Cortes Generales en junio de 2008", según reconoce el propio Gobierno en el proyecto legislativo de los PGE. Un objetivo que fue "fijado en base al contexto macroeconómico recogido en el informe sobre la posición cíclica de la economía española elaborado por el Ministerio de Economía y Hacienda en abril, de acuerdo con los datos disponibles en ese momento""


Todo lo anterior muestra que en realidad la teoría económica dominante es en realidad un pensamiento de tipo doctrinario o, como explicamos, una religión.

La otra trampa que se esconde en ese falso concepto de libertad es que la elección no es libre en realidad. Aunque la idea es sobradamente conocida, se suele abusar de ejemplos concretos para dar la impresión de que la gente realmente escoge libremente lo que escoge, cuando en realidad está fuertemente condicionada, con habilidosos trucos de ingeniería social y comercial, a "necesitar" determinados productos que son de su "utilidad". Precisamente éstos tres son los conceptos clave en la discusión sobre la presunta eficacia e idoneidad de los actuales mecanismos de distribución económica: necesidad, utilidad y elección.

En un sistema capitalista como el nuestro, el diseño del sistema se dirige a maximizar el retorno del capital, lo cual implica maximizar el beneficio de cualquier actividad económica. Esto se puede conseguir aumentando precios hasta un cierto punto, pero esta estrategia tiene un recorrido limitado puesto que precios excesivamente altos destruyen la demanda y a partir de un cierto punto también la ganancia. Alternativamente, se puede maximizar el beneficio disminuyendo costes. Aquí hay varias estrategias posibles, una de las cuales es la explotación de economías de escala y el encontrar usos diversos para un producto principal que sea económico de producir. Uno de esos productos cuyo proceso productivo se ha maximizado es el maíz. El sirope de maíz se utiliza en multitud de productos alimentarios para darles gusto, color, valor nutritivo, etc; se sorprendería Vd. de la cantidad de alimentos y otros productos que utilizan el maíz en su producción. Como comentaban en el documental Food Inc, "Todos los productos de un supermercado remiten a un campo de maíz en Iowa". ¿Realmente ha escogido Vd. que todos los productos que hay en el súper estén hechos, entre otras cosas, de maíz? ¿Está Vd. seguro de que es sano añadirle sirope de maíz a prácticamente cualquier alimento preparado que consuma Vd.? ¿O más bien esta proliferación en el uso del maíz tiene que ver con que ha sido muy barato de producir durante todos estos años?

Si Vd. ha seguido la evolución del sector de la alimentación en los últimos años sabrá que en estos momentos aproximadamente el 80% del comercio mundial está en manos de cinco empresas. Este fenómeno no es exclusivo del sector de la alimentación; cada vez menos empresas cada vez mayores controlan una fracción creciente del mercado mundial. Esa concentración de la actividad en manos de muy pocos agentes podría llevar a pensar que de manera natural, en aras de la optimización productiva y el aumento de beneficio, la cantidad de productos diferentes que se ofrecen debería disminuir; sin embargo, basta con ir a un supermercado o a cualquier otro comercio para ver una increíble diversidad de productos, pequeñas variantes de la misma idea. ¿Qué significa esta proliferación de productos? La respuesta es bien conocida: es una estrategia de márketing para incitar al consumo, es sólo un estímulo a las partes más primitivas de nuestro cerebro: en realidad muchos productos son el mismo con diferentes envases. Y esa es sólo una de las estrategias de manipulación de masas para llevarles a consumir más y más. ¿Es Vd. plenamente libre cuando decide consumir en un ambiente creado especialmente para incitarle al consumo?

No sólo el márketing actúa como fuerte condicionante de las decisiones de consumo, sino también los hábitos y las convenciones sociales que se van estableciendo, oportunamente moldeadas cuando se detecta en ellas un mercado potencial ¿Elige la gente tener coche? No siempre; según dónde uno viva y dónde y en qué trabaje tener un coche es imprescindible. Las redes de transporte público no siempre cubren las necesidades de movilidad creadas a la población. ¿Ha elegido Vd. vivir donde vive o se ha visto obligado a ir a determinado sitio en función de su renta disponible y de dónde tiene Vd. su lugar de trabajo? Es un caso típico: persona joven encuentra un trabajo en una gran ciudad y busca algún lugar cercano donde residir, pero lo más cercano que es asequible a su renta está a 20 kilómetros de su lugar de trabajo y si se traslada en transporte público necesita más de una hora para llegar, pero puede reducir el trayecto a 15 minutos si se compra un coche de segunda mano, que le resulta muy asequible (casi nadie tiene en cuenta los costes reales por kilómetro de un coche, incluyendo combustible, amortización del vehículo, seguros, párking, averías, revisiones, multas...). La estructura social favorece determinadas elecciones, que no son sólo socialmente aceptables sino completamente naturales dados los condicionantes.

Yendo a cosas más superfluas: ¿Elige la gente tener móvil? Si uno se pasa fuera de casa muchas horas, tener un móvil es una buena manera de estas siempre localizable por sus seres queridos; además, con los sistemas de chateo electrónico actuales uno puede mantener un contacto con los amigos que le sirve para sobrellevar una jornada cargada de muchos sinsabores y cada vez menos motivaciones. No es estrictamente necesario, pero, ¿qué persona joven elegiría no tener móvil y además del tipo smartphone? Parecería un extraterrestre en su comunidad social. ¿Es una elección verdaderamente libre la de comprar un móvil? Y así la lista de elecciones bastante discutibles se va alargando, en todos los casos condicionados por un ambiente social que le empuja en una dirección determinada: ¿Se elige libremente comprar un piso en vez de alquilar? ¿Elige uno en total libertad la ropa que se pone, o tiende a escoger aquello que es socialmente más aceptado para el estrato en el que uno está? ¿Son completamente libres todas las decisiones que se hacen al comprar alimentos, productos de limpieza, muebles, vacaciones, etc?  Los valedores del libre mercado dirán que a nadie se le pone una pistola en el pecho, y eso es verdad, y también es cierto que cualquier persona puede decidir "salirse de la convencionalidad" y tomar una decisión que choca con las habituales, pero justamente de lo que hablamos es de condicionamiento, no de determinación: desde el punto de visto económico no importa si unos pocos individuos eligen otro camino si la mayoría va por la senda trazada. Hay una cuestión clara desde el punto de vista estadístico: si millones de personas toman decisiones dentro de un arco pequeño de opciones teniendo literalmente millones de posibilidades a su disposición eso significa que realmente no hay tantos grados de libertad como los aparentes, sino muchísimos menos. Realmente, son muy pocos los individuos realmente libres, puesto que desde hace mucho tiempo se mercantiliza la diferencia, y el mercado se apropia de la estética hippie, altermundista, eco, hipster... Se crean diversidad de nichos en el mercado para que aquellos individuos más críticos crean que son diferentes porque están clasificados dentro de una categoría igualmente mercantilizada pero menos numerosa.

Los adalides de las bondades de lo que ellos llaman libre mercado aceptan a veces que efectivamente la influencia social condiciona fuertemente muchas decisiones, pero que en eso el libre mercado no tiene la culpa, sino que es la sociedad, como si fuera un sujeto, quien toma sus decisiones, y como si los agentes económicos no influyeran en moldearlas. Sin embargo, resulta difícil creer tal cosa cuando los medios de comunicación se dedican a difundir continuamente publicidad en cuñas publicitarias y propaganda de un determinado modo de vida en todo el resto de contenidos. ¿Se ha sentido Vd. alguna vez identificado con los modos de vida y consumo de tanta y tanta serie televisiva o película cinematográfica? ¿Ha aspirado a ser como los personajes que tanto le gustan? ¿Se ha fijado que a veces el personaje lleva un tren de vida impropio para lo que deberían ser sus ingresos? La presión social existe, pero ésta se configura también a través de los mass media. En añadido, los medios de comunicación de masas sirven para crear, a veces, cuando es necesario, la ilusión de libertad: en algunos momentos se pone el foco en una pequeña anomalía y se hace creer que tiene una importancia que, a la luz de las estadísticas, no la tiene, todo con el fin de mantener la ilusión de libertad. 

La falta de libertad de elección no es fruto únicamente de la presión social y de las estrategias de márketing, sino también de la falta de información. Un mercado no puede ser, nunca, realmente libre si todos los agentes que en él participan no tienen la misma información y la misma capacidad de negociación, y ése no es el caso en muchos servicios básicos prestados por grandes compañías. ¿Entiende Vd. el recibo de la luz? ¿Tiene Vd. capacidad para negociarlo? Cuando va al súper, ¿tiene Vd. conocimiento de lo dañinas que son algunas prácticas de producción de los productos que consume? ¿Tiene realmente capacidad de elegir algo mejor, por ejemplo, ecológico? Todo ello es el resultados de un mercado mucho más natural que libre. 

Todo lo arriba expuesto nos ilustra cuál ha sido nuestro margen real de libertad durante las últimas décadas, pero ahora que estamos llegando a los límites del planeta, ahora que estamos inmersos en una crisis que no acabará nunca, un murmullo que se oía desde hace mucho pero permanecía oculto en las capas profundas de la sociedad se hace cada vez más insistente: quizá hay demasiado consumismo, quizá hay que acabar con hábitos de derroche, quizá tendríamos que abandonar lo superfluo. En los últimos tiempos, a medida que la crisis impide al capital alcanzar por medio de la producción sus tasas históricas de regeneración, éste va depauperando las rentas del trabajo y las administraciones públicas para continuar expandiéndose al ritmo habitual (huida hacia adelante con corto recorrido y potencialmente muy explosiva, pero que de momento nos hace avanzar rápidamente hacia La Gran Exclusión). Y en el fondo para favorecer esta expansión interna del capital se insiste en que los ciudadanos tienen que aprender a diferenciar entre necesidades estrictas y consumos superfluos. En algunos casos, se llega a culpabilizar al ciudadano por sus hábitos de consumo, lo que a veces llega al extremo de confundirle sobre el peso económico real de sus elecciones. ¿Cree Vd. que porque disminuya su factura eléctrica un considerable 10% va a mejorar la situación general? Aunque todos los domicilios redujeran un 10% su consumo eléctrico, el residencial es sólo el 10% del consumo total, o sea que ese gran esfuerzo repercutiría un 1% del consumo eléctrico total. ¿Y eso qué más da, además, en un país como España donde hay un exceso de capacidad instalada, donde sobra electricidad y a pesar de ello el consumo baja, porque no es electricidad lo que la sociedad necesita para funcionar, sino ese 80% de energía final no eléctrica y difícilmente electrificable que depende, mayoritarimente, del petróleo? Y, ¿es superfluo el coche? ¿Puede Vd. atender sus obligaciones diarias sin él? ¿Y qué haría sin la nevera, si no puede comprar los alimentos día a día por falta de tiempo? ¿Puede lavar menos ropa, por ejemplo usando el mismo atuendo más de un día seguido; se lo aceptarían en su entorno social y laboral? El hombre, como todos los seres vivos, está adaptado a su hábitat, pero una parte del mismo ha sido creado y recreado por la mano del Hombre y necesita también estar adaptado a él, a su tecno-hábitat, que le resulta tan vital como el hábitat de base propiamente biológica.
En realidad se tiene que intentar mantener la ilusión de libertad para evitar que la gente se revuelva contra lo que hay. La economía está más planificada que nunca: no sólo se planifica la producción, sino que se decide qué nuevos productos tendrán que consumir los ciudadanos. Ésta es la realidad de nuestra economía. Por eso un país comunista como China ha podido hacer una transición tan eficiente hacia el sistema actual: porque, en los aspectos claves, no hay una diferencia profunda; y China tiene además la "ventaja competitiva" de no ser una democracia. Y por eso es tan preocupante que se tome continuamente a China como baremo, como referente con el que compararnos: porque la diferencia más importante entre ellos y nosotros es el grado de autoritarismo.


La única elección real que se puede hacer (y que por tanto se ha de ocultar) es si queremos seguir con el sistema actual o intentamos construir uno nuevo, más igualitario y sostenible, algo diferente a todo lo que ha existido hasta ahora. Ésa es la elección real.





Salu2,
AMT

miércoles, 1 de octubre de 2014

El adiós al automovilismo



Queridos lectores,

En medio de una vorágine de compromisos (sabrán que el lunes pasado comparecí ante la Comisión de Energía del Parlamento Vasco y que la semana que viene iré a Barbastro vía Roma), Demián Morassi me ha ofrecido este texto breve con sus reflexiones sobre el fin de la era del automóvil, tema que ya se ha discutido varias veces en este blog, aunque él se centra en un aspecto muy concreto: el automovilismo. Sus reflexiones me parecen bastante acertadas, aunque no serán del gusto de todos. Les dejo con Demián.

Salu2,
AMT

El adiós al automovilismo
Por Demián Morassi
Las carreras de auto nacieron para promover la ingeniería automovilística, apoyado por los Estados que podrían demostrar en las competencias internacionales sus avances o los de las empresas nacionales. El público se sumó fervoroso a esta disciplina "deportiva", aunque las comillas están demás para los pilotos, que debían soportar en su cuerpo el estrés y la coordinación visomotora de ir durante una hora a velocidades superiores a lo que el común de la gente podía aspirar. En algunos países el fanatismo por la escudería, en otro por los pilotos, hizo de esta actividad un entretenimiento de masas que no tardaron en ser parte del interés de todas las empresas para participar como anunciantes y los autos se volvieron un collage de logotipos empresariales. Y se multiplicaron las variantes, de la Fórmula 1, a las carreras de turismos, al rally, a las aventuras postcoloniales del tipo Paris-Dakar, Camel Trophy o las carreras ilegales urbanas.
Las carreras de autos también dieron enormidad de frutos en el entretenimiento infantil: hemos jugado a "Las mil millas", a los cochecitos de colección, a los videojuegos más adrenalínicos, hemos visto películas (a esta altura "Rápido y furioso" debe ir por la saga número 18), dibujitos animados como "La carrera de los autos locos". En cada país los grandes corredores están en el top ten de deportistas de la historia, desde Fangio en Argentina hasta Alonso en España, de Ayrton Senna en Brasil a Schumacher en Alemania.
Pero debemos decirle adiós.
Hoy en día debemos tratar que nuestros hijos no sueñen con la velocidad, se olviden del auto como fuente de entretenimiento y busquen otros símbolos, otros objetos de culto.
Va quedando menos petróleo y hay que cuidarlo para lo que consideremos necesario para la transición, hay que promover actividades deportivas limpias, que no generen gases de efecto invernadero, hay que evitar que seamos meros observadores que pagan a una serie de grupos empresariales que no buscan promover la ingeniería de las naciones sino vender espacios publicitarios y ganar dinero con las televisaciones.
La lucha por dejar el automovilismo va a ser dura como lo puede ser el fin de las corridas de toros. Algunas ciudades lo lograrán más rápido y otras no podrán contra el lobby o las mafias del sector.
Los partidos políticos o las organizaciones ecologistas pueden tomarlo como elemento de campaña. El automovilismo sigue siendo ante todo un entretenimiento masculino, y ya no de una multitud fanática como en otras épocas, por lo tanto la mayoría aceptaría si se le dan las dos razones básicas: cuidar el recurso y bajar las emisiones.
¿Qué hacer con los que viven de este mundillo? No tengo la más p... idea. Perdón, vislumbro que las empresas anunciantes se dedicarán al ciclismo, las carreras de veleros, etc., los mecánicos van a tener mucho trabajo cuando cierren las automotrices y haya que ir volviendo a poner en condición una flota de usados cada vez mayor, los ingenieros se las ingeniarán y las pistas de carrera serán parques para pasear en bicicleta y hacer grandes huertas urbanas colectivas (deben tener buena tierra ya que el césped se ve impecable).
Adiós a todas las revistas de automovilismo, a los programas de televisión, a las apuestas, a las mujeres objeto que le dan el trofeo a nuestro campeón, adiós al derroche de champagne, a las banderas de Ferrari (y a Ferrari también),  a los que se meten en la ruta del rally arriesgando su vida para que lo despeine su ídolo y a las muertes espectaculares en el Dakar. Adiós.